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INSTITUTO VALENCIANO DE INVESTIGACIONES ECONÓMICAS
1%
1% es todavía la previsión actual del Gobierno sobre el crecimiento real de la economía española en 2009 y la cifra que figura en los presupuestos para ese año. Aunque a remolque de los acontecimientos, ya se ha anunciado la revisión a la baja de esta previsión por parte del Ministerio de Economía. Parece interesante revisar las cifras que otras instituciones, a fecha de 25 de noviembre, proponen como previsión de crecimiento. En la banda más pesimista aparecen FUNCAS (-1,5%) y el extremo inferior de la horquilla que prevé el servicio de estudios del BBVA que va del -0,1% al citado -1,5%. La segunda previsión en grado de pesimismo es la de la OCDE que, revisada recientemente, la ha situado en el -0,9% dando por concluida la fase expansiva que desde mediados de los años noventa atraviesa el crecimiento cíclico de la economía española. De igual forma, el Fondo Monetario Internacional acaba de revisar a la baja la previsión de crecimiento al -0,7% para 2009, en línea con el resto de instituciones. El Instituto Flores de Lemus de la Universidad Carlos III pronostica una caída del 0,7% para 2009. Por último, el gobernador del Banco de España también ha considerado, sin ofrecer todavía una cifra concreta, que la previsión de crecimiento para 2009 se situará por debajo de la cifra del 1% que figura en los presupuestos.

Lo más interesante de los datos sobre las expectativas de crecimiento para 2009 no solo es su dispersión, que actualmente se encuentra en 2,5 puntos del PIB, sino su evolución reciente. Todas las instituciones han revisado repetidamente a la baja en los últimos meses los escenarios previstos para el próximo año, señal de que los indicadores adelantados van poniendo de manifiesto que la intensidad de la desaceleración, crisis o recesión, como queramos denominarla, era mayor de lo anticipado. Con distinto retraso, el Ministerio de Economía en el último lugar, se reconoce lo que la realidad desvela a diario sin necesidad de tener que esperar a que una institución corrobore.

Mucho antes de que las instituciones comenzaran la revisión a la baja de las cifras oficiales de expectativas de crecimiento, la sociedad española conocía la gravedad de la desaceleración. No había más que escuchar a los empresarios -financieros y no financieros- que trabajan siempre sobre las previsiones de al menos uno o dos ejercicios económicos, para detectar de primera mano la intensidad del frenazo. Cuando las operaciones habían pasado de crecer como en los últimos años entre un 5 y un 10% anual a detenerse a la espera de acontecimientos, era cuestión de tiempo que la desaceleración apareciera finalmente en las cifras.

No solo las empresas -en particular las entidades financieras- conocían la intensidad de la caída en el nivel de actividad. Los hogares han visto endurecerse las condiciones del mercado de trabajo: reducción de horas y jornadas extras, actividades secundarias de mantenimiento en las empresas, expedientes de regulación de empleo, despidos, etc. Pero aunque nadie dudaba de la intensidad de la crisis, algunos no querían reconocerlo con el fin de retrasar las malas noticias para -así se piensa- no agravar el clima económico. Ya se sabe que las expectativas incorporan un elemento de auto-cumplimiento y, si son buenas, el resultado final es mejor que si son malas. Parece pues que los responsables públicos deben ser siempre exageradamente optimistas, no solo por sus intereses electorales, sino porque si fueran más realistas se agravaría la intensidad de la crisis. Por supuesto que la sociedad sabe que esto es así y le aplica un descuento a las previsiones oficiales admitiendo que tardan más en reconocer el empeoramiento de la situación que en vislumbrar los periodos de recuperación en los que se adelantan en vaticinar las buenas noticias.

En cualquier caso, las diferentes instituciones basan sus predicciones en expectativas de crecimiento de la demanda exterior -en función de las previsiones de crecimiento de los países de nuestro entorno-, de la evolución del consumo -muy condicionado por la evolución de los tipos de interés, el empleo, la renta disponible y el precio de la vivienda-, y de las expectativas de las empresas, que suelen ver desplomarse su inversión en las etapas iniciales de recesión económica. Su diferente valoración sobre la evolución de este conjunto de variables sitúa actualmente las expectativas para 2009 más centradas en el -1% que sobre el 1%. Dos puntos de diferencia que significan muchos puestos de trabajo y en torno a tres puntos porcentuales de déficit en relación al PIB.

Javier Quesada
Investigador del Ivie y
catedrático de la Universitat de València